jueves, 30 de julio de 2009

"MADRE AYAHUASCA EN EL AMAZONAS. LA SERPIENTE Y YO"

Esta entrada habla de una "droga", una planta que nos ha enseñado que HAY ALGO MÁS QUE VER...

Una gran serpiente que lleva las memorias de la vida, una liana que cura, y que a veces toma la apariencia de una gran dama.

Desde hace milenios, los curanderos indios de la Amazonía utilizan la planta alucinógena de la Ayahuasca para tratar a enfermos sumiéndolos en estados alterados de conciencia. Se ha utilizado para multitud de finalidades, sobre todo de tipo chamánico. Gracias a ella podemos entrar en contacto con el mundo espiritual.

Este brebaje de la Ayahuasca (en Quechua: Liana del Alma) está compuesto por la hoja "CHACRUNA" o Psychotria Viridis, que es muy rica en D.M.T (dimetiltriptamina), y por una liana, la "AYAHUASCA" o Banisteriopsis Capi. Esa combinación hace posible que el D.M.T ingerido tenga un efecto psicoactivo visionario muy poderoso. Para entendernos, la Ayahuasca da la información, y la Chacruna ilumina esa información; permite verla y captarla. La Ayahuasca es el libro, la Chacruna es la lámpara que permite leerlo. La Chacruna juega siempre un papel muy secundario, además puede ser reemplazada por otras plantas, en cambio, la Ayahuasca no.

La planta actúa sobre la zona derecha del cerebro, dedicada principalmente a las funciones no racionales, muy desarrolladas en las sociedades indígenas. El brebaje aumenta considerablemente la tasa de serotonina que circula en el cerebro.

Es considerada en Europa como un estupefaciente, sin embargo, miles de occidentales que no son toxicómanos vienen a Perú a experimentarla para tratar sus problemas físicos o psicológicos, o incluso para conocerse a sí mismos un poco mejor, como fue nuestro caso.

La Ayahuasca te hace ver facetas del mundo a las que no estás habituado. Se trata más bien de un material visual. Son evidencias que llegan a través de la vista, de la mirada (siempre bajo una intensa concentración), que a partir del momento en el que se ven hay una toma de conciencia. Permite de alguna manera descifrar todos los almacenamientos y todas las informaciones acumuladas en el organismo durante toda la vida.

Este increible brebaje ha sido capaz de modificar profundamente la vida de multitud de personas, y entre ellas, LA NUESTRA...

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Llegó el momento de la "Purga", nuestro corazón latía algo más fuerte de lo normal por la proximidad del acontecimiento. Y no era porque supiéramos lo que nos iba a suceder o cómo íbamos a reaccionar, sino por la incertidumbre que nos provocaba la sensación de no saber, no conocer. Esta noche tendría lugar la primera toma de la Ayahuasca, donde nos adentraríamos en un mundo totalmente desconocido para nosotros.
Entramos a una estancia de madera y cerramos la puerta. Era un espacio reducido, pero lo suficientemente cómodo para albergar a cinco personas. Tenía hasta un pequeño y kostroso cuartito de baño. Pusimos tres colchones tiraos en el suelo para estar sentados sobre algo blando, situados en forma de "C". En el medio de éstos colocamos dos barreños, uno pequeño para el Chamán y otro más amplio para nosotros tres. El cometido de estos barreños era... ser potados por nuestras bocas negras, jajaja.
Potar durante la ceremonia de la Ayahuasca o después de ella es totalmente normal, de hecho; es importante potar para poder purgar el alma. Sin embargo, hay que intentar potar lo más tarde posible, porque cuanto más tiempo se mantenga el brebaje en el estómago, más visiones se tendrán y más tiempo durarán sus efectos psicoactivos.
El Chamán estaba en un colchón, Antonio y Tony en otro enfrente del Chamán, y Luis y Ricardo en un lado. Ricardo no tomó la Ayahuasca, por lo tanto estaba dentro de la habitación con nosotros pero fuera del círculo para no interferir en nuestro trance. Su función era grabar la ceremonia, además de otras cosas cachondas que ya leeréis más adelante.
La ceremonia debe realizarse en plena oscuridad. Era de noche pero las ventanas sin cristal que había dejaban que se filtrase el resplandor de la luna llena, así que colocamos las hamacas tapando cada hueco que pudiese permitir la entrada de luz.
Peparados para el "Gran Viaje", esperamos relajados los primeros movimientos o palabras de Ernesto, nuestro Chamán.

CONTINUARÁ...


AVENTURA AMAZÓNICA

Un viaje comienza en el momento que nace la idea. El viaje ya comenzó.

¿Quién no ha oido hablar del Amazonas? Sólo su nombre ya causa grandeza. La admiración que las personas muestran cuando alguien les cuenta su experiencia produce ésa sensación de vacío que tan poco nos gusta y te hace comprender que te falta algo.

A nosotros, a los kostras, a la humanidad entera se nos ha condenado desde el nacimiento a esperar el momento. Unos antes, otros después, otros ya están allí y otros no estarán jamás en su vida. Hace años, cuando el Amazonas aun no estaba cerca, cuando el Amazonas estaba tan lejos, más lejos que el siglo pasado, lo veíamos como algo que podía esperar, conscientes que llegaría, tranquilos, sin tensión, sin nervios... ahora es diferente, ya no estamos a siglos de distancia, ahora estamos a días.

Nuestra emoción fluye como sus aguas. La luz de esperanza que sentimos se asemeja a sus reflejos. Millones de destellos blancos que llenarán nuestras llanas vidas. El vacío que tenemos ahora es más insoportable que el que sientes cuando te lo cuentan.

Sabemos que estamos cerca. Podemos olerlo, sentirlo, casi tocarlo. No lo vemos, pero lo oimos. Su llamada nos inspira. Su llamada nos excita. Su llamada nos atrae. El momento que esperábamos durante toda nuestra vida va a llegar a su fin. El vacío que sentimos desaparecerá.

Tres de los KOSTRAS, Pedro Antonio Simón Lorenzo (Tony), Antonio Mansilla Tolosa y Luis Eduardo Mansilla Tolosa hemos oído su llamada. La hemos oido y acudiremos. No importan los peligros, no importan nuestros miedos. Todo éso es secundario. Todo éso simplemente no nos importa. El Amazonas nos espera, pero nosotros llevamos toda la vida esperando. Es nuestro turno, nos ha tocado. Los KOSTRAS, hemos llegado al AMAZONAS.

KOSTRAS: ANTONIO, LUIS Y TONY (por orden de fotos)


"El pistola"
















"El cerebro"........................................................................"El caballo"






video

www.youtube.com/watch?v=IFSoalOVHbA
(el enlace por si queréis verlo mejor)

Vídeo: Run To The Hills (Iron Maiden): tras veinte días perdidos por la selva del Amazonas, estos tres kostras construimos una balsa y cantamos una Oda a la libertad en el río Ampiyacu, afluente del Amazonas (día 29/08/09, que podréis leer más abajo). Digno de ver y de SENTIR.
RUUUUUN TOOOO THEEE
HIIIIILLSSSS, RUUUUUN FOOOOOOR YOUUUUR LIIIIIIFEE

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KOSTRADIARIO

1/08/09
TONY:
...Al salir del avion, divisé una mancha oscura, kostrosa y nauseabunda portando una bolsa horrible en cuyo estandarte alcancé a leer desde la lejanía:

KOSTRA

Y yo pensé: "¿Pero que jodida agencia de viajes es esa?", qué horrible. Horrible, pero me sentí como en casa. Salimos ya los tres, tras darnos unas cuantas hostias, porque los heavies no se abrazan..., se hostian, se poguean, pero siempre con amor y sin bajas.

KOSTRAS:

Pillamos una combi, que es un autobus kostroso, donde fuimso todos apretados. Tras 20 minutos llegamos al hostal. La habitacion, cojonuda, aunque otra kostra, y es que en Peru todo es una kostra. Al llegar, sobamos un poco porque era muy pronto. Al despertar vimos Lima. Fuimos a una calle, que se parecía a Preciados. Petada de peña, con unos que nos ofrecían drogas por doquier. Comimos el tipico menú de Perú, sopa, arroz, y carne, y en vez de agua, una cosa caliente que daba asco. Todo por cuatro soles. (menos de un euro). Después de comer fuimos a unos recreativos a jugar al TAIM KRISIS. Después fuimos a a una tienda de minerales, en la que el cansino de Luis se explayó, y estuvimos una hora entera viendo piedras absurdas en una tienda de minerales porque a Luis se le antojó. Luego quedamos con María, una amiga de los Mancilladores, y salimos de fiesta, no sin antes ver un desfile en la plaza de armas del día de la patria.
Por la noche, salimos a un bar heavy muy guapo. Antes de entrar, un cansino brasero nos braseo a mil diciendonos que si era Nazi y no se que historias más, y que nos iban a mirar mal los peruanos dentro del bar por ser blancos, cosa que por supuesto luego no paso, como todo lo que dicen los gilipollas soplagaitas estos. Vimos unos videos dentro del bar y pillamos un taxi a Miraflores (un barrio de Lima) para bailar salsa y Cumbia (música típica de Perú, de la cual, acabamos hasta los huevunos) en un bar, en una disko, jajaja. Fue la risa, tres kostras danzando como maricas emocionaos. Nos pusieron una de AC/DC y empezamos a mover los pelánganos, la peña flipando, creamos un aura kostra a nuestro alrededor, como siempre, jajaja. A dormir.
Foto 1: La ciudad apest
osa de Lima, repleta de olores desagradables y millones de coches ruidosos.

2/08/09
Despertamos y fuimos a comprar comida al mercao y a cambiar dinero..., qué gilipollez. Fuimos a mirar desde dónde salían los buses a Pucallpa, un pueblo en plena selva. Volvimos y ale, para variar fuimos a viciarnos. Tony estuvo a punto de reventar una maquina a mazazos que medía la fuerza, y luego al salir de los recres, estuvo a punto de tirar una maqueta que había expuesta cuando se apoyó en ella. Compramos un mapa, vacilamos a un tío que nos quería timar con el cambio, entramos al supermercado, y en la sección de ordenadores, Luis dejó un mensaje bien clarito en el escritorio de uno de ellos. El mensaje era una carpeta cuyo títutlo era: KOSTRA, para que se viese bien claro quienes habíamos sido los profanadores, y demostrando una vez más que los kostras llegamos hasta lo confines más inhóspitos del mundo. Cenamos, y a sobar.

3/08/09
Despertamos, nos duchamos, porque dabamos asco y porque no sabíamos cuando nos íbamos a volver a duchar. ¿Y que?, no vamos a la jungla?? Pillamos macutos y braseamos al recepcionista del hostal sobre la ilusión de los peruanos de ir a España a trabajar. Al menos le dejamos bien claras las las ides sobre cómo es realmente currar en España. Comimos y nos fuimos a por los billetes del bus que nos llevaría a Pucallpa. Jugamos al poker en un banco y luego fuimos a mear a un bar. Dos niñatos de 17 ó 18 años nos querían chustear las mochilas..., daban pena, no tenían posibilidad alguna. Uno iba todo pedo bebiendo chupitos de vete tu a saber qué, y el otro se reía creyendo poder robarnos. Tony se partia de risa, Antonio pensaba reventarles la botella en la cabeza y Luis les miraba con cara señorial. Si ni si quiera habrían podido con el peso de la mochila..., eran dos cuerpos escombro del copón.
Se fueron porque vino un Munipa pringao que se creía Superman, con su porra echa una mierda. Nos dijo que nos encontrábamos en la calle más peligrosa de Lima, una calle en la que anteriormente habíamos meado en la puerta de un garaje tranquilamente.
Joder, qué miedo... jajaja. Nos acompañó a la estación del bus, creyendo que iba escoltándonos, sin embargo, más bien fue al revés. Cada uno con un cuchillo asesino..., y el toligo del madero con una porrita doblada.
Montamos en el bus (20 horas nos esperaban, qué odio).
Nos pusieron una peli de mierda y nos sobamos pero no descansamos porque no parábamos de botar. Paramos para cenar sobre las 23.00 y luego otra vez a las 5 ó así. Tony no pudo aguantarse más, así que se puso a mear por la ventanilla del bus antes de hacer la segunda parada..., qué horrible. Meo toda la ventanilla, donde luego Luis apoyó su brazo, pero tenía tanto sueño que se la sudó taaaaaaanto..., nunca supimos que era más mugriento, ...si la meada de Tony o el brazo meado del Luis.
Foto: La calle "más peligrosa" de Lima

4/08/09

Nos dormimos de nuevo, amaneció, y vimos muchas montañas (Los Andes), y llanuras, fue curioso, porque tras atravesar un túnel bajo la montaña, el clima cambió radicalmente. Nos encontrábamos entre amplias montañas pobladas de jungla y nubes bajas tocándolas. ¡BRUTAL! La jungla montañosa. Hicimos vídeos y mil fotos.
Ya cansados, y jartos de los botes que daba el bus, pasábamos ya de selva y de todo. Además, qué calor, ¡JODER!. Un niño llamado Jesús, al que apodamos "BESUGO", porque el nos llamaba monos, nos amenizó parte del viaje.
Ya llegando a nuestro destino, bueno, faltaban 4 horas, se subió primero un evangelista corbatudo que pretendia comernos el tarro diciendo sandeces..., ¡GLORIA A DIOS!.
Nosotros estábamos atrás en el bus y nos canteamos mazo diciéndole movias como: Ha llegao el braserooooo, eeeeel brasero ¡señora!, el cansiiiiiiiiino. Hablaba de humildad, pero se metía con todo el mundo, y encima tenía las pelotas de pedirnos una ofrenda, pero que hijo de puta, débil amariconado, ¿Qué quería?, una ofrenda para comprarse otra corbata? Cuando se acercó a nosotros, le estabamos grabando con la cámara y le dijimos: "A un pobre igual si le doy una ofrenda, que eso es lo que deberiais hacer vosotros..., Hijos de puta..., pero qué asco...", jejejejejje, jajejijoju. El se quedó perplejo y nos miró con cara de odio infernal, ¿no sería Lucifer en un cuerpo evangelista?
Se fue el marica este y entró otro intentando amargarnos la vida contándonos y previniéndonos mediante la compra de productos absurdos, los problemas que pueden acarrearnos el cáncer de colon, pulmón, riñones..., que se vaya con sus cánceres a tomar por culo, todos para el. Estaba especialmente emocionado con el de colon, vamos que..., otro mariconazo.
Llegamos a Pucallpa, de forma amena gracias a una niña llamada KATY, que era la inigualable. Intentaron timarnos los mototaxis, para ir al centro de Pucallpa, así que les mandamos a la mierda y fuimos andando. Preguntamos en todos los hostales y al final dimos con el más barato, 26 soles para los tres, aunque también sería el más kostra.
Lavamos algo de ropa y vimos Pucallpa por la noche y conocimos a una gallega que llevaba dos años en Perú. Era una rancia amargada de la vida que le daba miedo todo, y encima intentaba contagiárnoslo. Nos pillamos un pedal con una botella que se llamaba "CLIMAX", (Vodka con lima limón). Luego a unos bares, bebimos cerveza, kostreamos en un campo de fútbol to pedofas poniendo con un palo la palabara KOSTRA infinitamente grande ante los ojos atónitos de infinidad de perros sarnosos. Fuimos a sobar.
Fotos: Paisajes de la selva
montañosa (desde el autobús)

5/08/09
Despertamos con resakosix a base del puto clímax ese. Dolía mazo el perolo. Fuimos al locutorio y poco más porque teníamos que irnos al puerto a pillar el barco a Iquitos. Yendo para allá, pasamos por las calles más kostras del mundo..., ah no no no!! Enrike!, que Berlín es mucho más kostra..., calles sin asfaltar, llenas de baches con motocarros zumbándote la oreja y a punto de arrancártela.
Las chabolas eran las típicas del Amazonas (de madera y levantada sobre unos palos), la peña nos miraba. La que más impresionó fue una vieja carcamal y alcahueta que nos miraba con mal de ojo. Estaba sentada en el suelo desnuda cuyas tetas eran más bien dos bufandas que bien se le podrían enroscar al cuello. Le llegaban hasta la cintura, joder, llenas de arrugas moribundas. Todo su cuerpo era una arruga.
Intentamos chustear a mil para sacarnos el barco más barato. Al final decidimos ir en el Henry 4 (70 soles kada uno), con comida, cena y desayuno, aunque ya os podéis imaginar como eran tales comidas...una BASURA. Todos los barcos que salían ese día, miercoles, eran uns kostra infame, asi que daba igual uno que otro.
Embarcamos, pusimos las hamacas al lado de los meaderos, ahí, de puta madre, para oler bien cada uno de los meaos y saber a quien acercarnos y a quien no, como los perros. Nos dijeron que robaban mucho en estos barcos, asi que compramos otra hamaca por 10 soles que colocamos a modo de cesta desde el techo para meter los macutos y tenerlos más controlados. En teoría, el viaje era de tres días, pero lo que nos pa ya de primeras auguraba un viaje mucho más largo.
Salía a las 18:00 del miércoles, pero salimos a las 6:00 del jueves. Doce horas de retraso, nada, no es nada, jajaja. A las 6 decían que saldríamos, pero tampoco, al final a las 8, pero cuatro horas más tarde, el gilipuertas del capitán encalló en aguas poco profundas. Tuvimos que esperar unas ocho horas a que viniera otro barco para remolcarnos y sacarnos de allí. Vamos, que perdimos un día entero haciendo el imbécil.
Ya por fin, salimos. Llevamos un peke-peke delante (un barkito chiquitín) que indicaba a nuestro barco el camino para no encallar. Nos inflamos a jugar al poker con un montón de niños que conocimos, además de la gran Katy (la niña del bus de Lima a Pucalpa), que vino con nostoros en el mismo barco, ¡QUÉ BIEEEEN! Todos los niños eran unos cachondos. Luego vino un argentino, Mauricio, y su amigo "sin boca", el australiano, que sólo hablaba inglés, ásí que NUNCA hablaba. Y jugamos al poker apostando. Ganó Mauricio.
A sobar en las incómodas hamacas.
Fotos: Nuestro barco "Henry 4" por fuera y por dentro (con el kostreo de las hamacas, todos juntos como sardinas)

6/08/09
Dormimos cada uno tres horas o así. Desayuno de mierda, seguimos jugando a las cartas, enseñamos a Mauricio a jugar al MUS y de repente, nos enteramos que unos piratas del Amazonas nos quieren asaltar. Era un bote de séis piratas que se hicieron pasar por maderos. Todo esto sucedo en el río Ucayali, afluente del Amazonas, que en teoría, es la zona más peligrosa junto con el Putumayo que hacía frontera con Colombia (aquí es por donde merodea la guerrilla) porque no hay pueblos ni comunicaciones.
Coincidió que unos militares iban en el barco dirección Contamana, primer pueblo donde pararíamos. Estos les pidieron su identificación y los piratas se cagaron y se fueron. Luego, ya por la noche, paramos en una orilla del río para dormir. Jugamos a BURRO con los niños, qué desfase.
Mauricio, su amigo y nosotros tres salimos a proa donde a Tony se lo comieron los mosquitos. Estuvimos hablando un rato de política y otras movidas. Fue subrralista estar hablando y escuchar de repente los disparos de los militares del barco. Y es que, cada vez que se acercaba una embarcación a nuestro barco, los militares disparaban al cielo como advertencia. Increible, esto parecía RAMBO EN VIETNAM.
Foto: Imagen tomada posteriormente al asalto de los piratas. Bello atardecer sobre el río Ucayali

7/08/09
Dormimos mejor, y al despertar (nos despertaban todas las mañanas los niños, mazo de pronto), nos esperaba ese desayuno tan rico, tres panes de mierda y una sopa horrenda. ¡Diosssss , qué asco! Menos mal que Luis y Tony fueron a por desayuno antes de salir, un par de días antes y así comimos leche con chocolate y galletas, eso ya era otra cosa. Jugamos al mus, kostreamos con los niños..., etc... hay que decir que la mejor era Katy, la jefa.
Era una niña de once años que era jdidamente espabilada. Le pedíamos un tapper y te lo traía, nadie sabe de dónde..., no se, se las ingeniaba de tal manera que siempre conseguía lo que quería, además era muy kostra. Pegaba a todos los que le tocaban los huevos, también tenía tres hermanos más peques: Luis, Cluadia, siempre riéndose, y Antonio, un niño de dos años que siempre lloraba para conseguir lo que quería, o pegaba a uno y lloraba él, jajaja. También un cachondo. La madre tiene 26 años.
Por la tarde, estuvimos los tres hablando con algunos pasajeros peruanos, de cosas de España y Perú, intercambio cultural. Esa noche llegamos a Contamana, ya hasta el cimbel de barco. Decidimos bajar los tres con todo porque posiblemente pillásemos un billete de avioneta a Iquitos, pero todos salían el día 16, muy tarde, así que nada. Estuvimos en la plaza con unos niños de allí, de cachondeo, parecíamos Espinete y sus amigos, todos los niños se nos acercaban, normal, ¿a qué niño no le mola acercarse a la kostra para arrancársela?, jajaja. En el barco, la gente ya nos veía como el entretenimiento de sus hijos, y es que la verdad, lo necesitaban, porque tantos días en barco encerrados para todos esos niños debió ser horrible.
Cenamos en Contamana hamburguesas por un sol, depués a una zona de bares con macutos y todo. Mauricio se indignó cuando entró a una sudaka y ella no decía más que: "SI", "NO", etc..., jejeje, jijiji, jajaja, jojojo, juuujujuju, (risita estúpida cuando no saben qué decir, que a veces pensábamos si eran o no retrasadas mentales).
Luego el del bar nos avisó que había unos mendas que nos querían robar los macutos, como no, todo el mundo nos quiere robar los macutos en este país, por gringos, jajaja, pero si no tenemos ni un duro, pero una mierda, que nosotros no somos gringos, somos conquistadores, invasores. Esto mismo se lo decíamos a la gente a gritos por la calle cuando nos llamaban gringos, que lo mejor es que no saben ni qué significado tiene esa palabra. Los seguratas del bar echaron a los mendas que querían robarnos, además estábamaos seguros porque estábamos en el bar de charleta con los militares del barco, jaajjaa. Los militares de aquí de Perú son muy diferentes a los españoles, no se, estos molan.
Luego, los militronchos nos escoltaron (literal, esto fue verídico, jajaja) en mototaxi hasta el puerto donde estaba nuestro barco kostra al cual ya le estábamos empezando a coger cariño, jejeje. Dormimos.
Foto 1: Nuestra querida Katy
Foto 2: Precioso pueblo en el que paramos durante media hora

8/08/09

Despertamos más tarde que otros días por el sueño acumulado. Había un buen ambiente dentro del barco, musiquita peruana (Cumbia, Tony acabó odiándola al final del viaje) que te hacía ver y comprender dónde te encontrabas, acompañados de las bellas vistas de las orillas del río Ucayali y Marañón, ambos afluentes del Amazonas.
Cada día que pasaba estábamos más hasta el nabo del barco y su motor, pues fuimos tan listos de ponernos encima del motor (menuda ruidera). Por la tarde jugamos un mus a tres vacas (Antonio y Tony VS Luis y Mauricio). Ganaron Tony y Antonio.
Foto: Fabulosas vistas de las orillas del río

9/08/09

Al despertar, que fue tarde, nos pusieron practicamente ya la comida, sobre las 12:30. Nada en particular que contar..., eso sí, sacar la mitad del cuerpo por la ventana y disfrutar de la ligera brisa amazónica así como de sus bellos paisajes, hacía olvidar los cuatro días que llevábamos en el barco.
Al irnos a dormir, ya a punto de quedarnos sopa, sentimos un estruendo brutal. Un barco de un capullo que iba sin luz y que encima se habría quedado sobao, colisionó contra nuestro kostra barco. ¡Qué horrible!, nos abolló todo el lateral el gilipollas, jaja. Todo el mundo comenzó a ponerse el chaleco salvavidas despavoridos, pero nosotros nos partíamos el culo. Creo que el hecho de tomárnoslo tan a coña tranquilizó bastante a la gente. Paramos en Requena y seguimos sobando.
Se me olvidaba, echamos otro mus. Campeones Antonio y Tony de nuevo. Dos partidas a cero.

10/08/09
Último día en el barco, hasta el nabete estábamos ya. Pasamos casi todo el día hablando con Luis, el padre de un niño llamado Jorge. El niñato bebía cerveza como un kabrón. Su padre era un tío de los que no hay, nos invitó a un vino que llevaba, pisco (una bebida de 70º de alcohol), jaja, y nos explicó cómo ligan los peruanos: "Me gustas" "Tu a mi también"... "Pues vamos a trinchar", jajajaja.
De repente estalló una tormenta amazónica inmensa y como los kostras siempre hemos de dar la nota, salimos los tres a cubierta a mojarnos y a ducharnos con agua limpia y pura de una vez, pues ducharse en las duchas del barco era ducharse con el agua del Amazonas, cargada de tierra y sedimentos. Además la gente es lo peor del mundo y tira basura al río, es algo que no podemos comprender. No se dan cuenta del recurso natural con el que cuentan, viven en el pulmón del mundo y sin embargo, les suda los cojones llenarlo de mierda,... en fin, qué asco dan ciertos seres humanos.
Al entrar de nuevo dentro del barco ya empapados, vimos que todo el mundo estaba con el salvavidas puesto, jaja. Nos aplaudieron y dijeron: "¡Bieeeeen por los españoles!" Se hizo de noche y antes de llegar jugamos un mus, esta vez ganaron Luis y Mauricio. Llegamos al fin a Iquitos y al salir del barco nos hicimos fotos con el chino kabroncete (otro niño), con Luis y su hijo Jorge, y algunos más. Ya éramos conocidos en otra parte del mundo, y seremos recordados, así como nosotros a ellos, sin duda.
Fuimos los cinco (los tres kostras + Mauricio y Woody) en un motocarro hasta un hostal donde nos dijo el tío que nos costaría 50 soles con trayecto incluido. No fue así cuando llegamos, así que le dieron por el culete porque nos fuimos a otro hostal y encima no pagamos al mentiroso del motocarro ¡que se joda!, que se creen que somos como los típicos guiris empanaos de la vida que les timan a todas horas. Al final, Mauricio y Woody se quedaron en un hostal por ahí, pero los tres kostrones de la vida seguimos buscando y chusteando. Kostreamos por todo Iquitos hasta que dimos con el hostal más horrible del mundo. 30 soles los tres, así que muy barato. Si es que buscando, al final se encuentra, pero la gente es muy cómoda y se queda con lo primero que encuentra. Al llegar, el pavo estaba descolluntao en un sofá y todo a su alrededor era oscuridad. Nos abre el tío kostra (tenía una voz horrorosa y carraspeante que daba miedo) y nos enseña la habitación. ¡Menuda basura! jajajaja. Las camas no tenían sábanas así que le pedimos unas, y nos dice: "pero si ya están puestas", jajajaja, y lo que había puesto era sólo la funda meada del colchón, que daba un asco terrible. Como sólo había dos camas, nos dejó entrar en la habitación de al lado y cogimos el colchón de una cama para ponerlo en el suelo de nuestro cuarto y ahí sobamos esa noche bastante bien, encima de las fundas meadas y potadas.
Foto: Tormenta amazónica que disfrutamos durante el viaje en barco

11/08/09
Despertamos y fuimos al locutorio, luego a comer a un mercao. Después acompañamos a Mauricio a pillar maría, según él estaba muy rica, pero también muy húmeda.
Luego fuimos los tres kostras a ver si había combis que salieran hacia el festival del Arco Iris, pero nada, ya habían pasado todas, demasiado tarde (un festival por la paz que dura un mes lunar, en el que, en teoría, no se podía beber. Luis decía que él iba a hacer caso y no iba a beber alcohol,.......jajajaja........ siiiiiiiiii Luis si..., siempre dices lo mismo, jajaja). Compramos un ron de doce años (mazo barato) y lo bebimos esa noche mientras jugábamos al frisbee que nos hicimos con la tapa del bote donde venía metido el ron. Nos inventamos un juego y lo pusimos en práctica ahí en medio de la plaza de Iquitos, junto a un monolito enorme. La gente nos miraba como agilipollaos, como si fueramos extraterrestres por jugar a... algo, o por movernos, no se... y es que aquí en Iquitos la gente pilla un motocarro para ir de aquí a 200 metros, la gente no camina, no se mueve,... están apalominaos.

12/08/09

Fuimos a Belén (un mercao enorme típico en el que venden comida putrefacta, repleta de moscas rrrrekostras en los puestos). Compramos los machetes y fuimos a comer. Bajamos unas escaleras y nos vimos en el barrio de Belen, otra zona que cuenta con la leyenda negra de que allí la gente te roba y te mata porque es la zona más pobre de Iquitos. Nosotros caminábamos tranquilos por la zona, haciendo fotos y grabando vídeos. Sabíamos que no iba a pasarnos nada de lo que nos habían dicho,... como siempre.
Los turistas hablan mal de una zona que los de Iquitos le han descrito como peligrosa, pero lo que no han hecho esos turistas amariconados es ir ellos mismos a comprobarlo, y lo peor es que luego van diciendo cosas absurdas de un lugar en el que no han estado, sólo hablan de lo que oyen, y por supuesto, a esas congojas y a esas descripciones no las hacíamos ni caso.
Después estuvimos toda la tarde hablando con guías personales, ajenos a las agencias, para que nos acompañasen en la selva. Estábamos entre dos, un abuelete que era la ostia y el que al final elegimos: Ricardo, un ex-militar y ex-instructor del ejército durante 6 años. Nos venía al pelo. Le explicamos cómo queríamos que fuese nuestro viaje. "No queremos que seas nuestra niñera, queremos que seas uno más del grupo y punto. Aventura a saco, queremos cazar, pescar, si tenemos que sufrir y pasar hambre no nos importa, a eso hemos venido, a intentar sobrevivir en este lugar y a aprender.
Queremos que la palabra turista desaparezca de tu mente". Nos prometió que así sería, incluso nos reconoció que era peligroso, de echo estuvo a punto de rechazar nuestra propuesta de viaje. Al final se mostró con ganas, así que decidimos ir con él.
Quedamos con él 30 minutos más tarde y vino a nuestra habitación a ver nuestro equipo de supervivencia. Nos recordó algunas cosas que mañana compraríamos, se piro y nosotros nos quedamos a sobar.
Fotos: Barrio de Belen (Iquitos)

13/08/09

Al levantarnos de esas camas putrefactas y roñosas, quedamos con Ricardo (el guía) para pagarle una parte y para ir al mercado de Belén a comprar las últimas cosas: plásticos, botas de agua,... Comimos con Mauricio y Woody, nos despedimos ya de ellos (esperamos volver a verte Mauri, ¡¡qué gran pícaro, qué gran argentino!!) y después quedamos con Ricardo para coger el barco que iba a Pevas.
En el barco, de puta madre, porque fuimos al aire libre y era sólo una noche, y sobre todo teníamos ron (el de 12 añitos, que por supuesto no nos acabamos aun). Bebimos un poco de esa delicia, lo suficiente para que la noche pasara rápidamente. El pringao del Luis se cayó de la hamaca debido al pedal que llevaba, y se clavó un saliente del suelo en la rodilla. Luego subimos los tres al techo del barco para ver las estrellas, que se veían espléndidas, majestuosas, veíamos todas a la perfección, incluso se percibía perfectamente la nebulosa de la Vía Láctea. El firmamento era totalmente diferente al que estamos a costumbrados a ver en España ya que nos encontramos en el hemisferio sur.
Foto: Nosotros en Iquitos con Woody y Mauricio (los dos de camiseta blanca). Mauri es el del centro

14/08/09
Despertamos, afilamos los machetes y salimos del barco en Pevas.
Compramos azúcar, sal, fariña (restos de yuca podrida) y munición (cartuchos) para cazar. Conocimos a un tío (Héctor) que nos iba a llevar en un peke-peke enano que iba al ras del agua (es una embarcación típica del Amazonas) río arriba por el Ampiyacu, hasta arriba del todo, hasta que ya no fuese navegable. Le tuvimos que pagar la gasolina, logicamente.
Por fin nos encontrábamos surcando las aguas de los estrechos canales del Amazonas, divisando todo tipo de vida a nuestro alrededor. Por fin, éramos libres, ... la aventura había comenzado.
Llegamos a un poblado llamado Nueva Esperanza, donde vivía nuestro barquero Héctor. Lo primero que vimos fue a una indígena en el río con las tetas al aire, lavando su ropa. En esta comunidad residía la tribu de los Ocaina y con ellos pasaríamos la noche. Dormimos en la casa de Héctor (17 años y con mujer ya, también de 17 años y con una hija de meses). Aquí todos tienen hijos a edades muy tempranas. Todos los miembros de la tribu (serían unas 6 familias) nos acogieron muy bien, y Ricardo nos explicó cómo construían los tejados de las casas (entrelazan a unos palos unas hojas que hay por todos lados en la selva y las dejan secar al sol, porque frescas y verdes se las comen los gusanos y orugas) y luego fuimos a pescar.
Pescamos entre los tres una mierda (utilizamos cañas hechas con una rama flexible de los árboles y un sedal con anzuelo). Pescamos dos peces en total, jaja. Esta sería nuestra comida. Menos mal que teníamos fariña y cocos, unos cocos que cogíamos a duras penas de una palmera. Los cortábamos, bebíamos su riquísimo líquido y comíamos su carne, hasta que el tolai del Antoñito se pegó un tajo de la ostia que casi se rebana el dedo, pero esto sucedió al día siguiente.
Después de pescar, Antonio y Tony kostrearon por ahí acabando con todos los cocos que tenían las palmeras del poblado y jugando un partido de fútbol de 20 minutos porque ya se hacía de noche. Nos llamaban gringos los kabrones incluso jugando al fútbol, pero bah, ya nos la sudaba. Luego nos fuimos los dos a bañar a un río estrecho, ya a oscuras, por lo que un niño del pueblo nos llevó voluntariamente hasta allí y nos dijo: cuidado,... que hay pirañas. Mientras Antonio y Tony andaban por ahí, Luis y Ricardo volvieron en un peke-peke a Pevas porque se nos olvidó comprar aguardiente y tabaco para ofrecer a las tribus cuando llegábamos a sus poblados. Esto era importante, si no, no eras tan bien recibido.
Luis y Ricardo tardaban mucho en llegar, así que Tony y Antonio se quedaron sobaos en el suelo de la casa de Héctor (por supuesto de madera, todas eran de madera y con el techo de hojas secas), donde Tony fue acrivillado por millones de mosquitos. La sangre del Antonio Mancillador debe saber horrible, a vinagre o algo peor, porque no le picó ni uno. Al fin llegaron Luis y Ricardo, pusimos las hamacas y a sobar.
Foto 1: Paisaje del pueblo
Pevas
Foto 2: Aguas negras del río Aguasyacu

Foto 3: Quebrada de
los alrededores del pueblo Nueva Esperanza
Foto 4: "Maloca" (típica casa indígena). Se
puede apreciar el techo construido con hojas

15/08/09
Al despertar pusimos rumbo a Nuevo Perú. Aquí estaba asentada la tribu de los Bóóráá (no lo he escrito mal eh, jeje, es así). Disfrutamos del viaje en peke-peke viendo cómo el río iba estrechándose cada vez más. Al llegar, un niño gritaba al vernos llegar a las orillas del pueblo: "¡¡¡llegan unos policías mamaaa!!!, jajaja".
Hemos olvidado comentar a un personaje fundamental en nuestra aventura. Juan, un indígena de Nueva Esperanza que nos acompañaría durante toda la aventura. "Juan sin miedo" le llaman, así que imaginaos. Es un explorador o montaraz de la selva, conoce TODO lo que hay que saber para sobrevivir en este entorno natural.
Nos instalamos y comimos pescados que teníamos aun del día anterior. Después jugamos con los niños del poblado a hacer el animal con la pelota y después les enseñamos a jugar al frisbee con la tapa del ron que compramos días atrás, jeje, qué instructivo. Los niños de este lugar siempre están contentos, sonriendo a la vida por todo lo que les aporta la naturaleza. Nunca están serios, es curioso, SIEMPRE felices... ¿por qué? porque no les falta de nada, no sé como la gente puede decir que los indígenas son pobres y que no tienen nada... nosotros somos los pobres, tremendamente pobres si nos comparamos con ellos, pues somos esclavos, seres inertes que viven bajo el yugo de este sistema socialmente correcto, sin embargo, ellos viven en total libertad. Eso es lo correcto, y lo natural.
Nos sentimos totalmente inmersos en su cultura y en su Comunidad ya que nos acogieron muy bien. Todos eran muy amables y siempre te saludaban. Después fuimos a pescar, pero no conseguimos ni uno, ni siquiera picaban.
Luego, Antonio estaba hasta el rabo del corte que se hizo con el cuchillo, así que decidió darse un punto. Ricardo (nuestro guía), se ofreció a ponérselo y Antonio vio las estrellas porque tenía la piel como un caimán de dura y no entraba la aguja que no estaba muy afilada que digamos. También le hizo una tablilla de madera para inmovilizar el dedo índice y corazón. De lejos, parecía que llevase una pistola.
Bajaron Antonio y Tony a relajarse al río. Tony estuvo jugando en el río con los niños y les enseñó a nadar y a hacer volteretas.
Llegó la noche, momento en el cual, el curaca (jefe de la tribu) y los ancianos nos invitaron a mambear coca (consiste en meterte en la boca una buena cucharada de coca y mantenerla en los carrillos hasta que se haga una pelota, momento en el que empiezan a notarse sus efectos). La ceremonia de la coca tuvo lugar en un espacio reducido con una vela en el centro del círculo que formábamos en el suelo los tres kostras y los ancianos. Hablamos de muchas cosas mientras mambeábamos la coca (intercambio cultural a saco), aunque muchas veces no entendíamos nada de lo que decían (entre que no hablan el castellano igual que nosotros y con el pelotoncio de coca en la boca... no se les entendía apenas). Primero vimos el proceso de su elaboración y luego la comimos. La sensación era la desaparición absoluta de sensibilidad en la lengua, ojos muy abiertos, no se para de rajar, no entra sueño, hambre o sed,... en definitiva, estás to endrogil, jajaja. Estuvimos unas tres horas mambeando y hablando sin parar, hasta que los ancianos cortaron la ceremonia por lo sano. Si ellos cortan, se acabó, no hay discusión.
De ahí, nos fuimos a beber aguardiente a una casa con los jóvenes de la tribu. De repente, escuchamos a lo lejos cánticos femeninos que provenían de una casa lejana. Nos acercamos y resultó ser una misa que duraba doce horas aproximadamente; parte de la tarde y toda la noche. La aberración era tremenda. Todos arrodillados frente a tres o cuatro evangelistas, y éstos gritándoles. Sus voceríos se entremezclaban con el murmullo oratorio de los fieles. Nos dio la impresión, (por el tono de sus voces) que los evangelistas, promulgasen el odio y la ira en vez de la paz y la humildad. Les decían a voces: "¡¡¡¿Es qué no sabéis orar?!!!, ¡¡¡¿Huis de dios, vuestro dios?!!!", y cosas por el estilo... PATÉTICO, pero bueno, ya sabéis cómo son de fanáticos religiosos aquí en Sudamérica, y la cantidad de sectas que hay. A veces cantaban como si estuvieran apenados,... era horrible, parecía una secta satánica, no me jodas.
Después estuvimos viendo el Firmamento y las luciérnagas voladoras..., son impresionantes. Luego, sobre la una de la magrugada nos fuimos a las hamacas.
Ya por el quinto sueño, de repente nos despertó un follón de voces, sobre las 2:30 a.m., cuando se pusieron a discutir de no se qué de unos galones de gasolina. Había gente llorando (se percibía una tensión horrible) y escuchamos algo de... "gringos", así que automáticamente nos pusimos los tres alerta dentro de las hamacas por si acaso. Joder, la peña ésta se volvía loca por las noches, con el buen rollo que daban durante el día... jajaja. Pasó la bronca y sobamos estupéndamente hasta por la mañana.
Foto 1: Tony mambeando la Coca porcinamente
Foto 2: Luis, Antonio y Juan mambeando la Coca

Foto 3: Tony y un indígena
cachondo mambeando la Coca. No se le entendía en absoluto lo que decía. Hablaba expulsando polvo verde por la boca

16/08/09
Nos levantamos con energías renovadas y seguimos río Aguasyacu arriba hasta encontrarnos con la Comunidad Bóóráá más grande (eran 600 familias) en Brillonuevo. Normalmente, los poblados eran de unas cinco o séis familias, así que éste era bien tocho, pero seguía manteniendo totalmente la esencia de poblado indígena. Fuimos recibidos por un pedolfas y luego conocimos al presidente del pueblo y a otros pives más. En estos poblados hay curaca y presidente, el curaca es nombrado por herencia, y el presidente es elegido por votación.
Estuvimos hablando con ellos un buen rato hasta que vimos a uno en otra casa con una guitarra que tenía sólo tres cuerdas. Le pedimos que nos la dejase y Antonio consiguió tocar algo (que entre su mano jodida por el corte y las tres cuerdas que tenía la guitarra, estaba un poco chungo tocar algo bien). Entre los tres kostras les tocamos y cantamos canciones típicas españolas como: "Algo se muere en el alma cuando un amigo se va", "Libre" de Nino Bravo, algún flamenco, y como no... las nuestras: "Run to the Hills" de Iron Maiden, e "Historia Triste" de Eskorbuto. Esta última y su estribillo les moló mazo. Y es que allá donde vamos los kostras, la liamos... ¡qué fiestón en un momento!, jeje.
Dejamos atrás Brillonuevo y seguimos río arriba una hora y media más hasta que llegamos a unos rápidos, pero íbamos contracorriente y había muy poca profundidad, así que, cuando era necesario, nos bajábamos y empujábamos a los lados de la barca para sobrepasar los obstáculos, troncos y palos en su mayoría.
Pues bien, llegó el momento de acampar por primera vez en la selva, un tiempo que invertiríamos para pescar y comer bien. No había nada alrededor, excepto verde y más verde, un infinito amasijo de lianas cubiertas por innumerables hojas verdes aunque de diferentes tonalidades. Al fin estábamos en contacto con la selva pura y dura.
Por el camino alucinamos con la oscuridad que ofrecía el interior de la selva a pesar de que el sol deslumbrara en las alturas, y vimos una escolopendra. Nos contó Juan que si la agobias o extresas, desprende un gas que huele como los chupa chups de marca fiesta, como a fresa. Ese olor llena de valor a quien lo huele.
Nos pusimos a pescar y la verdad que conseguimos un gran número, sobre todo Tucunarés.
Llegamos a una zona donde ya casi no se podía avanzar más con la barca, así que decidimos acampar en la selva, al lado del río. El lugar era mágico, precioso... ¿qué no es bello en la Amazonía?... El agua corría con ese sonido acuoso que te llena de pureza el corazón. Había formaciones rocosas muy extrañas, una vegetación exuberante,... todo a nuestro alrededor emanaba un brillo de paz y serenidad como nunca habíamos sentido.
Decidimos quedarnos dos días, así que construimos un buen campamento. Cenamos unas pirañas que pescó "Juan sin miedo". Cómo aguantaba el kabronazo, todo lo que le echases y más, y eso que contaba ya con 58 tacos. También hay que decir que SIEMPRE iba con los boloncios de coca en la boca, jejeje. Caminaba a través de la selva por la noche hasta las tantas para cazar, dormía tres o cuatro horas, se iba temprano a pescar, comía y se iba otra vez por ahí (le acabamos llamando "Pila alcalina","Duracel", "Alcaloide", jeje). No dormía casi y sin embargo, nosotros muertos. Para muerte, la que sufrimos al día siguiente...
Foto 1: Pueblo de Brillonuevo
Foto 2: Impresionante paisaje selvático
Foto 3:
Escolopend
ra
Foto 4: Los kostras mostrando orgullosos su pesca
Foto 5:
Paisaje de los rápidos del río do
nde acampamos
Foto 6: Antonio, Ricardo (el
guía) y Tony felices tras la construcción improvisada de un campamento al lado del río

17/08/09
El sol y los animales diurnos nos despertaron muy temprano, sobre las 5:30 más o menos. Una cagada pastelosa dio los buenos días a Tony... el mojón le sacó de la hamaca echando leches. Nos levantamos todos y fuimos a pescar, pero con el paso de las horas, Tony tenía cada vez peor cara. Comió los peces que conseguimos y se tumbó en la hamaca. Tras un par de horas, ...39,5 de fiebre y una diarrea que le "sacaba la mugre" (expresión típica de nuestro guía, jajaja). Al rato cayó Antonio... lo mismo, cagó un pastel enorme y a la hamaca directo con 38,9 de fiebre. Cada poco se levantaban los dos a mear por el buyacas, jajaja. Luis también se empezó a encontrar mal, pero estaba mejor que estos dos. Sólo le dolía un poco la cabeza.
Antonio y Tony estuvieron en la hamaca muertos del asco desde las 13:00 hasta las 11:00 del día siguiente, bastante puteaos.
Foto 1: Nuestra forma de cocinar la comida, en este caso los enormes Tucunarés
Foto 2: Nuestras prin
cipales acompañantes durante estos dos días

18/08/09
Luis iba cayendo cada vez más enfermo. Esa mañána estuvo también bastante malo, cagando maaaaazo. Todo esto nos pasa por flipaos..., por querer parecernos a los nativos. Lo que nos sucedió fue que bebimosagua del río sin más, sin hervir ni tratar. Ahí, con un par de huevos, pero luego... ¡¡ZASCA!!, ostión al estómago, jajaja. En un principio, pensamos que era la malaria lo que nos estaba atacando, pero se nos pasaron rápidamente el dolor de cabeza y los temblores.
A partir del medio día, Tony y Antonio se empezaron a sentir mejor, pero Luis seguía algo chungo. Fuimos a dormir y cayó una tormenta de agua brutal, la típica lluvia tropical... que cae recta, torrencial y que te cala hasta los huesos. Esa noche no cenamos ya que lloviendo, es muy difícil cazar, pescar, o hacer un fuego.
Foto 1: Charcas provocadas por las fuertes lluvias que estábamos sufriendo
Foto 2: Gusano "awiwa" que días más tarde comimos hambrientos


19/08/09
Al despertar, cogimos la ropa que teníamos caladísima y sobre todo sudadísima (olía a vinagre) y la pusimos a secar en un tronco al lado del río. Tony se cagó dos veces en los calzones, el cerdo, pero cuando la diarrea aprieta nunca sabes cuando te va a llegar, jaja. Como te de el retorcijón, estás fuera, te giñas... seguro, es imposible contener la mierda.
Comimos un poco, descansamos y tras un tiempo, nos pusimos los pesados macutos a la espalda para emprender una caminata de hora y media; cortita pero matona. Tened en cuenta que caminar por la selva es más difícil que por otros terrenos, por tres cosas: 1º.- Hay mucha vegetación que te impide caminar comodamente, 2º.- Hace un calor horrible y una humedad del 96% insoportable que te hacen perder mucho líquido y por tanto, mucha más energía de lo normal (nuestro cuerpo necesitaba beber agua continuamente, sin embargo, los indígenas de la zona no lo necesitan tanto, pues los poros de su piel absorven la humedad del ambiente, manteniendo su cuerpo hidratado sin la necesidad de beber) y 3º.-Hay que ir despacio y con mil ojos porque dentro de la selva hay muchos peligros: serpientes, escorpiones, tarántulas, hormigas, gusanos, tallos repletos de púas, charcas de fango... etc, etc. Además, no nos sentíamos al 100 % todavía ya que teníamos la diarrea en el pico más alto. Al menos ya no nos dolía la cabeza.
Tras hora y media, llegamos a una base pequeña construida por y para los exploradores nativos de la selva. Estaba al lado de una quebrada del río. Allí pusimos las hamacas y preparamos unos peces gato o "húngaros" (quitarles las escamas, sacarles las tripillas y trocearlos) para comerlos más tarde. ¡Qué bien! pesacdo recién sacado del río. Siempre solíamos acompañar los platos con un plátano guisado. Enseñamos a Ricardo a jugar al mus (estamos promoviendo el mus por el mundo entero) y luego cenamos los peces gato. A mimir.
Foto: Uno de los much
os árboles espinosos con los que nos encontrábamos. Más de una vez estuvimos a punto de apoyarnos en él

20/08/09
Dormimos unas diez horas, el día que más. Hay que decir que normalmente nos acostábamos sobre las 21:30 y nos levantábamos sobre las 5:30 porque amanecía sobre esa hora. Anochecía a las 18:30. Teníamos que despertarnos pronto para aprovechar la mañana.
Desayunamos pescado (cómo no...) y carne de perdiz (al fin algo de carnaza fresca). Después, los tres kostrones se pusieron manos a la obra para tirar unos frutos que había en un árbol alto, ¿cómo? pues a tortas con un palo enorme. Rudimentario pero eficaz a fin de cuentas. No comimos y estuvimos toda la tarde jugando los tres y Ricardo al mus, al mentiroso y al golpe (un juego de cartas peruano al que juegan todos los peruanos).
Juan y otro nativo llamado Carlos (un viejete que era cojonudo) fueron a cazar, y al anochecer fuimos los tres kostras y Ricardo a caminar por la selva nocturna, totalmente diferente a la diurna en todoslos aspectos. Los animales y los sonidos, todos diferentes,... no se, es otro rollo, un mundo mucho más mágico a la vez que tenebroso y misterioso. Vimos muchísimos arácnidos, escorpiones muy venenosas (capaces de matar a una persona en pocos minutos) y otros insectos enromes y rarísimos (los que más llamaban siempre nuestra atención eran las luciérnagas voladoras. Sus ojos eran dos luces amarillas y el vientre o abdomen era una luz naranja muy brillante. Era insólito ver millones de ellas volando a tu alrededor).
Llegamos de nuevo al campamento, echamos otro golpe (qué vicio) y nos fuimos a dormir la mona.


Foto 1: Uno de los escorpiones más letales del mundo
Foto 2: Jugándonos la vida con e
l escorpión
Foto 3: Paisaje de la selva nocturna y misteriosa
Foto 4: Una de las infinitas arañas y tarántulas que vimos esa noche
Foto 5: Uno de los insectos más grandes y mo
nstruosos que hemos visto en toda nuestra vida (grillo de 20 centímetros)
Foto 6: Gusano venenoso, pero
jugoso
Foto 7: Insecto palo (una de sus numerosas especies)

21/08/09
Juan, Carlos y su hijo Elvio fueron a cazar esta pasada noche y lograron matar a un tapir, que es un mamífero como un jabalí de tocho. Así que, al despertar nos dirigimos hacia la colpa (es un lugar donde se juntan habitualmente los animales para beberagua, momento idóneo para cazarlos). Fuimos toda la tropa para despedazar al tapir y traer en los "capillejos" (cestas hechas con hojas de la selva) los restos del bicharraco. Cada uno llevaba un trozo..., una pata, parte de las costillas, la cabeza...
Tardamos una hora y media en ir aproximadamente. Por el camino vimos unas larvas blanquecinas de aspecto horrendo, llamadas Zuri. Nacían dentro de unos frutos que sabían a coco, así que, la larva también sabía a coco. La probamos y no estaba mal, aunque el aspecto fuese asqueroso y viscoso. Vimos también otra clase de gusanos. Se encontraban muchísimos juntos en el tronco de un árbol. Se llaman Awiwa (son grandotes, de color negro y verde). Los cogimos para cocinarlos al llegar al campamento.
Allí en la colpa, Elvio desmenuzó al tapir. Estábamosenvueltos en millones de moscas y avispas que revoloteaban alrededor de la pieza,... hasta las pelotas. Cogimos cada uno un trozo y regresamos al campamento.
Otra hora y media de caminata de vuelta. Al llegar, hicimos una parrilla, un fuego y pusimos el tapir, un roedor (borugo) y los gusanos Awiwa. El tapir y el roedor estaban riquísimos, ylos gusanos también. Luis decía que sabían a verduras fritas, Tony que a filete de carne, y Antonio..., Antonio no decía na, simplemente se los comía, jajaja. Dos tipos de gusanos, y los dos ricos,... vamos a tener que cambiar la mentalidad.
Por la tarde se fueron Carlos y Elvio a su casa en Colonia (una Comunidad indígena pequeñita). Nosotros nos quedamos jugando al golpe mientras Juan vigilaba la carne en la parrilla, por supuesto hecha con palos, no vayáis a pensar que esto era un Todo Incluido de 5 estrellas superlujo... porque esto es una jodida KOSTRA INMENSA.
Antes de anochecer, fuimos a cortar lianas para beber agua fresca. Esa noche cayó una tromba de agua infernal y se nos calaron las hamacas. Confiamos en la estructura de hojas que tenían construida los nativos, pero estaba llena de goteras, menuda mierda. Tras un rato, nos dormimos al fin, aunque congelaos y puteaos.
Foto 1: Caminando raudos hacia la Colpa
Foto 2: La Colpa
Foto 3: El tapir y su perdición (sus
cazadores)
Foto 4: Luis y la cabeza de Tapir
Foto 5: Rana venenosa
que vimos en la Colpa
Foto 6: Recolecta de gusanos Awiwa

Foto 7: Serpiente venenosa que vimos en la colpa. La terrible "coral"
Foto 8: Los tres kostras prep
arando el roedor "borugo" para comer posteriormente junto con el Tapir y los gusanos
Foto 9: Bebiendo del agua pura y natur
al de las lianas
Foto 10: Comida que disfrutamos a la vuelta de
la Colpa, en el campamento (plátanos cocidos, carne de Tapir y gusanitos awiwa)

22/08/09
Decidimos abandonar rápidamente el campamento (sobre las 7:30 a.m.). Cargamos las mochilas con un pedazo de carne de tapir cada uno, envuelto en papel albal que trajimos de Madrid, nos vino bien. La caminata fue de las buenas, larga, tan larga que llegas a introducirte facilmente en tus pensamientos más profundos, ya que la mayor parte del tiempo caminábamos en silencio. Manteníamos una relación total y absoluta con el entorno natural, escuchando sonidos por todos lados, momento en el cual vimos una rana que debía ser algo punki por la cacho cresta que llevaba. No parábamos de pensar en que la temida "susupi" podría aparecer en cualquier momento bajo algún tronco podrido, etc... (es una serpiente muy venenosa cuyo veneno te aniquila en poco tiempo. Llaman a su ataque y a la propia serpiente, "muerte silenciosa". Te muerde y espera a que intentes escapar, momento en el cual te lanza otra descarga de mordiscos venenosos, y así sucesivamente hasta que acabas inmóvil y mueres a causa de su veneno neurotóxico). Íbamos con mil ojos. Apenas existía una relación social entre nosotros, salvo cuando parábamos para descansar o cuando Ricardo nos explicaba algo.
Antes de llegar a Colonia, pasamos por su chacra (zona de cultivo). Fue horrible atravesarla porque estaba repleta de palos secos y enmarañados difíciles de sobrepasar. Lo único bueno de este lugar fue la piña que nos comimos,... joder, qué rica, dulce dulcísima, aunque más tarde nos empezó a picar la lengua y la boca.
Al llegar a Colonia nos topamos con otro enfermo de malaria, que estaba en la primera maloca del pueblo (las malocas son las típicas construcciones indígenas). Su padre, que además era el chamán o médico natural de la tribu, estaba de cuclillas a su lado. El viejo se encontraba en trance, hablando para sí y moviéndose mediante espasmos, como pidiendo ayuda a los espíritus de la selva mediante un ritual.
Le vimos bastante mal, así que le dimos séis pastillas contra la malaria. Como veis, los kostras vamos por el mundo salvando vidas, para que luego la gente absurda nos juzgue pensando que somos delincuentes. A esas viejas y a esos pijakos les decimos desde aquí... que les den por el culo, que dejen de fijarse únicamente en el envoltorio de las personas y que miren más adentro.
Dejamos descansar al enfermo y llegamos al río Sumun. Tuvimos que cruzarlo de orilla a orilla y lo hicimos gracias a una niña y su barquita.
Luego se abría un sendero cómodo de unos 45 minutos de caminata hasta Brillonuevo (nuestro destino). Este sendero mantenía una buena comunicación entre ambos pueblos (Colonia y Brillonuevo).
Al fin llegamos, cansados y con los hombros reventaos. Comimos unas peritas que cogimos de un árbol de por ahí. Estaban más ácidas que un limón. Descansamos mientras poníamos cara de Fari, de comer limones, de lo ácidas que estaban las peritas, jajaja.
Fuimos a la casa de Sergio (un amigo de "Juan sin miedo"). Allí pusimos las hamacas. Su mujer nos dio de comer muy bien, cantidad y calidad, que ya nos hacía falta. Qué gran sensación no tener que preparar nosotros la comida, que de repente llegue sóla a tu mesa como por arte de magia,... qué gustazo, jejeje. Luis vio que la casa estaba repleta de trapos y cuadros que había pintado un hombre del pueblo. Sintió envidia, así que le pidió a la mujer pinturas y un trapo y se puso a pintar él. Tony se fue a dar una vuelta por el pueblo para hacer fotos y más tarde se quedó sobao en la hamaca con un gatito sobre su pecho. Antonio se quedó hablando con Ricardo.
Al anochecer fuimos los cuatro a dar una vuelta por el pueblo. Buscamos unas bodegas donde vendían comida; compramos chocolate y unos caramelos, además de millones de galletas. Más que comer bien, nos apetecía MIERDA, jaja, fue curioso, nuestro cuerpo nos pedía sobre todo azúcar. Teníamos que comprar víveres porque mañana mismo iríamos otra vez a las profundidades de la selva a pasar hambre de nuevo. Llamamos a éste día, el día de "relleno de estómago" o día de "tránsito", y qué gran día, jeje.
Luego llegamos a una casa donde vimos a unas veinte personas dentro de ella, viendo la tele gracias a un generador que les duraba horas. Entramos y nos sentamos en el suelo con ellos en plan comuna. Estuvimos viendo una peli horrible, los cuatro coincidimos en que fue la peor película que habíamos visto jamás. La quitaron y pusieron una americana de un tío que repartía ostias a distro y siniestro, inflaba a leches a to cristo, por supuesto, él sólo. Ésta estaba mejor, pero nos empezamos a quedar sopa, así que nos fuimos a la casa a sobar. Hay que comentar algo que nos pareció muy gracioso: la gente del pueblo pensaba que éramos rabinos musulmanes cuando nos veían con los pelánganos largos y las barbucias. Si,... somos coleguitas de Vin Laden, ¿no te jode? jaja.
Foto 1: Rana punki que nos encontramos p
or el camino hacia Brillonuevo
Foto 2:
Preciosa mariposa, c
ompañera de viaje durante una parte de la caminata
Foto 3: Pueblo de Colonia, que posee una gran plantación de caña de azúcar (nos pusimos ciegos)

23/08/09

Dormimos unas 10 horas y al salir de la hamaca (llevábamos una hamaca con mosquitera incorporada), un desayuno espléndido estaba esperándonos encima de la mesa. Teníamos que nutrirnos de energía para afrontar la caminata que nos esperaba, así que, además de desayunar a saco les compramos unos plátanos maduros. Antes de salir les dimos las gracias por lo bien que nos habían recibido y tratado durante esas veinte horas.
Salimos
de Brillonuevo sobre las 12:15 rumbo a Palmeras, una zona en plena selva junto a una quebrada de un río. Allí encontraríamos otro campamento de exploradores nativos. La caminata prometía ser muy dura, más que la del día anterior, aunque esta vez contábamos con las cantimploras llenas de un pozo de Brillonuevo (de esta forma ya nos ahorrábamos tener que ir consumiendo energía por ir cortando lianas que nos aportasen agua), y tambíen llevábamos los plátanos que nos irían rellenando los depósitos de potasio a medida que avanzásemos. Durante la caminata íbamos viendo cómo la selva cambiaba totalmente. Comenzó a hacerse más y más densa, de tal forma que tuvimos que abrirnos camino a machetazos, por lo que avanzábamos muy lentamente. Pusimos ver a lo largo de la marcha como se filtraban los rayos del sol a través de la espesura. Pocas veces vimos algo tan bello.
La sudada que llevábamos por la humedad era terribe. Llegabas a sentir que respirabas agua. Llevábamos un buen ritmo, parando cada hora para desc
ansar y beber agua.
Cruzando un pequeño arroyo nos topamos con la presencia de una raya venenosa. Su agijón (presente en el extremo de su cola) contiene el veneno suficiente como para matar a una persona.
De repente vimos algo que estábamos deseando ver, una se
rpiente muy venenosa llamada "Jergón" o como le lleman los indígenas "lanza de hierro". Es la más venenosa de la Amazonía peruana, y responsable del 75% de los accidentes en la selva a causa de su mordedura, letal en pocos minutos. También vimos bichos enormes, pero tenías que fijarte detenidamente en cada hoja para verlos, porque si caminas por la selva únicamente mirando al suelo o hacia delante sin fijarte en los detalles, no ves ni un animal, sólo una densa vegetación.
La última vez que paramos a descansar, Juan nos aseguró que quedaba una hora para llegar, sin embargo, luego fueron dos, así que fuimos puteaos pero no paramos durante esas dos horas porque debíamos llegar antes de que anocheciese.
Al llegar nos desequilibrábamos y
ladeábamos por el cansancio y por la sensación de no llevar el puto macuto infernal. Nos bañamos en la quebrada del río, ¡qué gusto!. Sus aguas eran bastante frescas, como una buena sesión de hidroterapia, jaja. Realmente da gusto llegar empapao en sudor, con los hombros y la espalda doloridos; y bañarse o echarse agua fresca y pura por encima.
Hervimos mazo de agua porque no nos quedó ni una gota tras la larga caminata. Debimos sudar unos dos litros de agua, jeje. Después nos fuimos a sobar por fin, con la compañía de los bellos sonidos selváticos, los cuales resultaban
más numerosos, agudos y extraños a medida que nos adentrábamos más y más. Da la sensación de que todos los bichos de la selva están cantando al lado de tu hamaca.
Foto 1: Rayos de sol filtránd
ose a través de la densa floresta (una imagen mágica)
Foto 2: Raya venenosa
Foto 3: La asesina del
Perú, frágil aunque terriblemenete poderosa. La Jergón "lanza de hierro".
Foto 4: Bicharraco inmenso, feo y raro.


24/08/09
Nos despertamos sobre las 7:00 y preparamos una mermelada de unos frutos que había en un árbol, que se llamaban "cocona" (sabe un poco a limón). Sólo teníamos que cocerlo y ponerle azúcar.
Caminando por los alrededores del campamento muchos bicharracos, de los cuales nos llamaron la atención unos saltamontes de colores que se estaban comiendo unas hojas.
Mientras se preparaba, echamos un "golpe" (se parece un poco al chinchón). Luego nos preparamos para seguir el río Palmeras hasta encontrar alguna poza para poder pescar, y allí acamparíamos. Tres horas de caminata tardamos hasta encontrar una.
Tuvimos que cruzar el río, como muchas otras veces, por encima de unos troncos finos. Primero pasaba Tony, pero los pobres y podridos tronquitos no aguantaron su peso y se quebraron. Tony estuvo a punto de caer, que era una buena caída, pero se quedó justo en el borde. Viendo que no se podía pasar y sintiéndose culpable, taló un árbol tocho con el machete y lo puso como puente. Parecíamos las obras del estado, reformando puentes de mierda, allá por donde pasábamos, jajaja. Lo cachondo es que luego todos pasaron por encima del puente que Tony había puesto, y sin embargo, él, to picao, saltó los dos metros y medio que habría de orilla a orilla y con el pesado macuto a la espalda. Para eso, no haber talao nada joder, jajaja.
Por el camino vimos un árbol parásito, es decir, se abraza a otro robándole todos los nutrientes, provocándole así que se pudra, sobreviviendo el árbol parásito. Lo que te vas encontrando por la selva llega a ser en ocasiones subrrealista, como en este caso.
Llegamos a un pequeño campamento de exploradores pero no decidimos quedarnos allí. Cruzamos otro puente mortal, buscamos la poza y cuando la encontramos, limpiamos el terraeno a machetazos y pusimos las hamacas de árbol a árbol.
Por el camino tuvimos que parar unas cuantas veces para llenar las cantimploras de agua selvática suministrada por nuestras preciadas lianas, aunque salía poca agua. De repente nos encontramos con el "setico", una raiz que desprendía muchísima agua al cortarla, parecía un grifo.
Esta vez, la caminata fue más llevadera: primero, porque fue más lenta y por lo tanto, te daba tiempo a ver más cosas y disfrutar más de todo; segundo, porque teníamos agua; y tercero, porque encontramos una corteza de un árbol a la que Juan llamaba "doctor", ya que al olerla te curaba el cansancio y te armaba de valor. Huele igual que el sudor o gas que desprendía la escalopendra cuando se extresaba (un cien pies gigante). Ambos huelen como el chupa-chups ese de sabor a fresa con un chicle en su interior, y que es de la marca "Fiesta"; riquísimos.
Antes de llegar al campamento nos dimos un baño en una quebrada y cruzamos un tronco bastante largo por encima de ella, con riego de pegarnos una ostia tremenda, jaja.
Como somos gilipollas y a veces hacemos las cosas sin mirar, acampamos en un lugar donde estaba repleto de hormigas gigantes "izulas" (es la hormiga que más ácido fórmico contiene en cada picadura,... que pican con su aguijón, además de morder. Dicen que sientes un gran quemazón y que duele como si te hubieran pegado un balazo). También vimos un insecto palo formidable, de color verde. Qué arte al desplazarse, con qué cuidado realiza cada uno de sus movimientos.
Luego nos tumbamos en las hamacas y comenzamos a hablar de muchos temas. Es una sensación única y formidable hablar a oscuras, cada uno en su hamaca, y escuchando cada uno de los sonidos nocturnos. Esta noche llegábamos a escuchar una gallineta de monte cuyo sonido era rarísimo y muy peculiar.
Más tarde nos quedamos sobaos, sin cenar apenas, sólo un par de tragos a la mermelada de cocona que preparamos esa misma mañana. Realmente, lo importante era llevarse algo a la boca para no sentir la sensación de vacío. Lo malo es que al no cenar, por la noche se sentía más frío, ya que la comida se transorma en energía que aporta calor.
Foto 1: Saltamontes de colores
Foto 2: Troncos que nos servían como puente
Foto 3: Llenando la garrafa de agua del "setico"
Foto 4: Cruzando un gran tronco
Foto 5: Una de las muchas variedades de insecto palo

25/08/09
Nada más levantarnos envueltos en el verdor de la jungla, Juan nos despereza contándonos que cuando nos acostamos y ya nos quedamos dormidos, el temido jaguar anduvo cerca de nosotros, merodeando y rugiendo. Ojalá hubiéramos estado despiertos, ¡qué pena!
Empezamos a movernos sobre las 7:00 a.m. Nos hicimos unas cañas con unas varas muy flexibles y estuvimos pescando un buen rato en la poza. Cada uno pescó algo, y menos mal, porque la noche anterior nos fuimos a dormir sin cenar. Ya teníamos desayuno.
Más tarde llegó Juan, que se fue a caminar por la selva durante la mañana, y trajo un armadillo que cazó y una pata de tapir que le ofrecieron otros cazadores con los que se encontró de casualidad. O teníamos mucha comida, como hoy, o no teníamos nada. Esto es la gran aventura amazónica.
Desayunamos, ya tarde, los peces, un poco de tapir y mermelada de cocona (siempre terminaba de completar las comidas). Fue un buen comienzo de día. Esperamos a salir porque se puso a llover. La colpa nos esperaba esta noche para cazar una buena pieza.
Por fin decidimos salir y caminar despacio hacia la colpa para ir parando poco a poco para que Ricardo nos fuese explicando acerca de diferentes tipos de árboles y plantas. A la media hora de caminata, paramos para talar una palmera llamada "Huacaí". En lo más alto de su tronco se pueden obtener unos filamentos parecidos al puerro que están bastante buenos. Con ellos hicimos una ensalada. Dirigimos el corte para que el árbol cayera en la dirección correcta, pero lo hizo sobre unas lianas altas quedándose allí arriba, en posición oblícua, así que era imposible alcanzar lo más alto del tronco para coger la comida. La única opción era usar la fuerza bruta... y eso hicimos. Entre los cuatro empujamos el árbol en dirección contraria para que cayese al otro lado; nos costó la vida, pero lo conseguimos. Cortamos la parte comestible, la guardamos y seguimos nuestro camino.
Como perdimos mucho tiempo talando la palmera, tuvimos que aumentar el ritmo de la marcha para llegar a la colpa antes de que anocheciera, que luego la pasamos de largo porque llevaba dos días lloviendo y, para que los animales acudan allí a beber y de esa forma puedan ser cazados, debía hacer sol desde días atrás.
Así pues, decidimos acampar un kilómetro más allá de la colpa e ir a otras más adelante. Estábamos cortando lianas para la obtención de agua cuando de repente empezo a llover como nunca. Estábamos hasta los cojones de estar siempre calaos por la lluvia (y eso que estábamos en época seca, ¿cómo será en época de lluvias?). También nos estaban puteando las hormigas, que nos cosían a bocaos; y de los mosquitos ya ni comentamos, que al anochecer revoloteaban a tu alrededor sacándote la sangre sin piedad (sobre todo una especie a la que llaman "zancudos"). Cuando te pican, te olvidas de todas las enfermedades que pueden transmitir, sólo piensas en lo incómodo que es que te estén picando continuamente y en lo que te va a picar todo el cuerpo mañana. Acabamos tan hasta las pelotas de tanta mierda, que nos metimos en las hamacas muy pronto, eran las 19:00. Estuvimos hablando, cada uno metido en su hamaca, y una hora más tarde aumentó la lluvia (jamás vimos llover tan a saco), por lo que nos calamos incluso teniendo los plásticos impermeables puestos encima. No sabemos como, pero acabamos empapaos, así que pasamos una noche horrible (casi no dormimos). Creímos que podría ser por lo siguiente: cuando llovía, se calaban los troncos de los árboles donde colgábamos las hamacas, éstos calaban las cuerdas de nuestras hamacas, cayendo poco a poco el agua hacia donde nos encontrábamos nosotros tumbados, mojándose así la tela de la hamaca y la mosquitera, que empezaba a gotear encima de tí. ¡Menuda mierda!
Foto 1: Poza en la que pescamos un largo rato Foto 2: Antonio pescando Foto 3: El regalito que nos trajo Juan, un armadillo

26/08/09
Al despertar, ya no llovía, pero el cielo continuaba muy nublado. Estábamos cansados y con mucho sueño porque apenas dormimos. Fuimos a por un termitero para quemarlo, que arden muy bien. De esta forma, pondríamos a secar la ropa que se nos mojó durante la noche, y espantaríamos a los mosquitos mañaneros (el humo de un termitero ardiendo los espanta).
Recogimos el campamento, dejando todo el lugar donde nos instalamos lo más parecido a cómo lo encontramos. Recordad que no se tiene que notar que habéis estado allí, esto es importante. La naturaleza os lo agradecerá.
Antes de irnos, tuvimos que limpiar las mochilas de hormigas ¡cómo nos mordisqueaban! Esto nos pasó por dejar las mochilas apoyadas en el tronco. Por la mañana estaba todo el macuto lleno de hormigas. Algunas las limpiamos con la mano, a base de bofetadas, y otras con el humo del termitero, haciéndolas caer del macuto aturdidas. Luego teníamos que reponer fuerzas, así que comimos algunas termitas vivas del termitero que ardía, que había millones de ellas. Estaban bastante ricas, es como si comieras pipas sin cáscara, jeje.
Comenzamos a caminar hacia otro campamento de exploradores, no muy lejos de donde nos encontrábamos. Sería una hora de trayecto más o menos.
Había llovido tanto la noche anterior que nos íbamos encontrando por el camino numerosas zonas encharcadas o embarradas, muchas veces de difícil acceso. La caminata fue chunga, sin embargo, fue la más emocionante. Además, Ricardo no paraba de recordarnos que estos humedales son los preferidos de las Anacondas, así que nos recomendó que fuéramos muy atentos a lo que pisábamos y con el machete preparado en alto por si había que rebanar la cabeza de algun bicharraco.
Llegamos al campamento donde decidimos pasar la noche, porque entre la acumulación de días que llevábamos de caminata, la noche anterior que no dormimos nada y que teníamos ropa que secar, consideramos que era absurdo seguir. Ya caminaríamos más al día siguiente.
Nos sentamos tranquilos y nos pusimos ciegos a mermelada de cocona, carne de tapir, de armadillo y alguna cosa más, teníamos bastante hambre. Luego, con la tripa llena, jugamos al "golpe" durante un largo rato. Después afilamos los machetes. Debíamos tenerlos preparados para esta noche, en la cual caminaríamos a ver si cazábamos algo.
Por la noche salimos en silencio, caminando lentamente y alumbrando con la linterna a nuestro alrededor por si veíamos el fulgor de los ojos de cualquier animal, mientras mascabamos polvos de coca que Juan había preparado hacía un rato en el campamento con plantas de coca que las personas del lugar plantan en sus campamentos. Ibamos con los ojos bien abiertos, jejeje. Antonio observó a unos 20 metros dos ojos de color anaranjados mirandonos y al alumbrarle con la linterna se quedó quieto, nos observaba. Nunca supimos que animal sería, pero tenía pinta de ser algún tipo de felino. Juan, quien iba el primero, unos metros por delante, nos avisó que en una rama cercana había un ave ideal para cazar. Disparó Antonio reventándole las tripas. Por supuesto, la mató, jaja, de ¡puta madre!
Juan atrapó con sus manos un "walo", que es una rana enorme, la más grande que hemos visto en la vida.
Al volver al campamento se puso a llover a mares, y por supuesto acabamos empapaos (como no). Menos mal que al llegar, las hamacas seguían secas. Por fin los plásticos cumplieron su cometido como es debido, ya pensábamos que íbamos a pasar otra nochecita horrible pasada por agua. Cenamos un poco de tapir, nos pusimos ropa seca y a dormir, esta vez, muy bien, no sin antes ver cómo Luis venía corriendo con los pantacas por los tobillos y el tordo colgando cuando vió otros dos ojos rojos enormes a diez metros. Si se le pasó ya la diarrea,... majo, prepara el papel para mañana, jajaja.
Foto 1: Campamento indígena
Foto 2: "Walo"

27/08/09
Madrugamos a las 6:00 y tras un buen desayuno a base de arrancar a bocaos la carne del tapir, salimos rumbo al río Ampiyacu, aunque no llegaríamos hoy, sino mañana, siempre y cuando, todo fuera bien.
Caminamos por una selva totalmente diferente a la anterior. Pantanales, charcas y riachuelos que ayer no existían se extendían a nuestro alrededor a causa de las lluvias que tuvieron lugar los días anteriores. Es alucinante caminar entre millones de plantas y con la mitad del cuerpo sumergido en aguas donde no te ves ni las piernas. Además, nuestra adrenalina estaba por las nubes, ya que en estas charcas suelen habitar las enormes Anacondas, como explicamos anteriormente.
Llegamos a un campamento pero éste no era el destino. Sólo paramos para protegernos de la fuerte lluvia que estaba cayendo. Los últimos exploradores que pasaron por aquí se dejaron unos miniplátanos a los que llamaban "píldoras". Por supuesto nos los comimos todos, y serían unos treinta, jajaja. Acabamos jartos de platanacos y eso que a los Mansilla les deban asco. Tony, encantado, porque siempre ha sido su fruta preferida.
Pasó la lluvia de repente, tal y como llegó, y seguimos caminando. Cruzamos un puente construido con palos muy finos y podridos, y claro, Tony los partió cayendo al agua que le cubría casi hasta los hombros, jajaja. ¡Joder!, estos puentes de mierda están hechos para enanos coñones, no para gente de 80 kilos + la mochila. Más tarde vimos monos saltando de árbol en árbol y gritando como locos, era el "huapo negro", un mono que no necesita de su cola para mantener el equilibrio sobre las ramas.
Llegamos a un campamento junto a una quebrada formada por las lluvias. El lugar era impresionante, nos dejó son habla. La naturaleza dominaba sobre cualquier pensamiento, sobre cualquier cosa; y si realmente existe un paraiso, lo teníamos ante nuestros ojos.
Tony se bañó, metiéndose lejos y sintiendo ese acojone por el hecho de saber que cualquier animalejo kabroncete pudiera comerle los huvecillos bajo esas oscuras aguas. Luego jugamos los cuatro al "golpe" sobre una plataforma de madera que tenían construida los nativos exploradores. Faltaba por subirse a ella Antonio y en cuanto puso su culo fino y huesudo en ella... ¡¡¡PA!!!,... se vino todo abajo,... a tomar por culo. Nosotros seguíamos sentados exáctamente en la misma posición, pero en el suelo, y descojonándonos. Y es que como véis,... por donde vamos los kostras, ¡ARRASAMOS!
Hervimos agua y jugamos otro "golpecito" ya casi a oscuras, momento en el que vinieron los mosquitos a comernos una noche más. Acabamos hasta el nabo de tanto picotazo así que una vez más, nos fuimos a las hamacas a sobar bien sobaos.

28/08/09
¿Qué pasa chavales? Bueno,... toca redactar el día más jodido y duro de toda nuestra aventura, aunque también fue el que más satisfacción nos aportó. Al despertar, desayunamos el poco tapir que nos quedaba y emprendimos la que sería nuestra última caminata por la selva. Nuestro destino final era llegar hasta el río Ampiyacu, y allí nos dirigimos. Con esta caminata, llegamos a patear un total de cien kilómetros a través de la jungla, que como ya hemos explicado, es mucho más difícil que hacerlo por un terreno normal. Hoy no nos costó mucho el camino porque nuestro cuerpo ya estaba muy aclimatado al calor y la humedad.
A medida que nos acercábamos al río Ampiyacu, pudimos percibir el gran cambio que se estaba dando en la selva. Se transformó radicalmente. Pasamos de una selva alta y bella, llena de color y sonidos, a otra muy diferente, la selva inhundada. Son zonas cercanas a un río ancho, el cual se desborda en época de lluvias (de diciembre a mayo), inhundando sus alrededores y arrasando con todo. Ahora nos encontrábamos en época seca, pudiendo observar los resquicios de esas inhundaciones. El suelo estaba poblado de helechos bajos y mucha hojarasca a modo de colchón (lugar idóneo donde las serpientes, como la susupi y la coral o coralillo, se esconden buscando la humedad y la frescura bajo las hojas), árboles bajos y ramas enmarañadas sin apenas colores vivos. La verdad es que es una selva mucho más fea, pero navegar con tu canoa en silencio en la época de lluvias cuando está todo inhundado, por donde estábamos caminando en este momento, debe ser espectacular.
Por fin llegamos al Ampiyacu, ancho y poderoso, muy caudaloso. Al verlo y sentir la brisa del río, desapareció todo síntoma de cansancio, dolor o hambre. Nuestros corazones rebosaban de satisfacción, descargando toda esa alegría en un grito de victoria atronador.
Desde allí, construiríamos una balsa y navegaríamos río abajo hasta Pevas, así que rápidamente nos pusimos manos a la obra. Comenzamos a talar árboles con los machetes. Despues de muchos y muchos machetazos conseguimos tirar abajo los cuatro o cinco árboles, pero los kabrones se quedaban como siempre a mitad de su caída, enganchándose en las fuertes lianas y en otros árboles más finos que tuvimos que talar más tarde para que los gordos terminasen de caer, pero aun así, caían un par de metros más pero seguían enganchados. Ya cansados de talar tras muchas horas, sin haber comido en todo el día y con las palmas de las manos llenas de yagas, nos sentamos a pensar. Al rato escuchamos el motor de un peke-peke en la lejanía que se acercaba. Eran nativos de un pueblo llamado Cuzco (como la ciudad grande) que venían a ver por qué sonaba tanto machetazo. Resulta que el territorio donde estábamos talando esos árboles era propiedad cuzqueña, así que, antes de que llegase a nuestra posición, nos escondimos detrás de unos árboles y esperamos a que pasara. Pero a los quince minutos volvío a pasar en dirección contraria y por lo tanto volvimos a escondernos. Ya nos estaban mosqueando.
En vez de seguir malgastando las fuerzas talando, decidimos ganar tiempo yendo los tres y Juan "pila alcalina" a una chacra (zona de cultivo indígena por la que pasamos durante la caminata) para coger unos troncos largos y secos. Llegamos, los cogimos y volvimos con ellos. Imaginad la dificultad de transportar un tronco de cinco metros a través de la selva (Juan llevaba uno, Tony otro y los Mansilla otro), que cada pocos centímetros hay un árbol con sus respectivas lianas enmarañadas. Todo esto después de estar unas tres horas talando árboles sin éxito.
Al llegar de nuevo a la zona donde más tarde colocaríamos las hamacas, Luis empezó a decir que se mareaba muchísimo, teníais que haberle visto la cara, estaba palidísimo, jajaja.
Con todo este tema de los peke-peke ya no seguimos talando. Anocheció y pusimos las hamacas en una zona más lejana del río. Estábamos haciendo un fuego, ya con los frontales puestos y encendidos, cuando de repente volvemos a oir al mismo peke-peke de antes, así que apagamos rapidamente el fuego y los frontales y esperamos. Nos dijo Ricardo que si hubieran visto que talamos árboles nos podrían haber metido un paquete enorme, y tal y cómo está la justicia peruana, vete tu a saber qué nos hubieran hecho, jeje. Antes de irnos a dormir hambrientos y cansadísimos, Juan se fue a la orilla del río donde vio por casualidad a un pez durmiendo plácidamente (pobre de él...). Le metió un machetazo que lo abrió por la mitad ¡menuda ostia!
Nos llevamos una alegría tremenda cuando le vimos llegar con un pez, o más bien, con un pececillo. No cenamos apenas porque era muy pequeño y no tocábamos a casi nada cada uno, pero como dice el dicho: "a caballo regalado, no le mires el diente", y eso hicimos. Comimos nuestra pequeñísima parte como fieras,... algo es algo. Después fuimos a intentar descansar algo, ya que mañana nos esperaría otro día durísimo (construyendo la balsa) si queríamos salir de la selva algún día. Estábamos deseando algo que sabíamos que un mes más tarde echaríamos muchísimo de menos... era curioso pensar en ello.

29/08/09
Abrimos los ojos ante un manto de vegetación, repleto de sonidos proveneintes de aves e insectos. Coincidimos los tres hablando del frío que pasamos esta noche. Lo achacamos a no haber cenado ni comido durante el día anterior. Cenar genera calor corporal para poder dormir mejor, pero al no cenar no contamos con ese calorcito que nos hubiera hecho pasar una noche totalmente diferente, descansando mucho mejor.
Así que nos despertamos cansados a las 6:30 y sin desayunar, cogimos los machetes con las manos llenas de heridas, y nos pusimos a trabajar en la construcción de la balsa.
Seguimos talando los árboles que ayer no quisieron caer y tras un rato acabaron cayendo. Una vez en el suelo había que trasladar los enormes troncos al río pero eran muy pesados para ello, así que cogimos la máquina del tiempo y nos fuimos hasta la época de las Pirámides de Egipto, lo que nos hizo recordar cómo transportaban los enormes bloques de piedra con la ayuda de palos que hicieran la función de ruedas. Y eso hicimos, pusimos unos palos más finos en disposición paralela para ir deslizando y empujando los troncos sobre ellos hasta llegar al río y echarlos al agua. Luego, ya en el agua, tuvimos que quitarle la corteza al más gordo, porque con ella, el tronco no flotaba y sin ella si, y mucho. De echo fue el tronco que verdaderamente hacía que la balsa flotase.
Después de estar todo este tiempo trabajando (unas tres horas), Juan llegó de repente con un racimo de plátanos, unos frutos extraños llamados "pifallo" (sabían a garbanzos) y caña de azúcar. Menuda empalmada cuando le vimos llegar con ellos, pues llevábamos más de un día sin comer y con la tralla que nos estábamos pegando a currar. Resulta que mientras talábamos, se fue temprano a caminar a través de la selva y a buen ritmo, hasta un pueblo a tomar por culo donde le regalaron toda esta fruta.
Con el tronco más grande, Tony se tuvo que meter debajo de él a bucear y levantarlo sobre la espalda para que Ricardo pudiera cortarlo por la mitad (porque era muy largo) y le quitase la corteza con la ayuda de Antonio. Mientras, Luis y Juan fueron a la chacra a por un par de troncos finos.
Una vez que ya estaban todos los troncos y palos juntos, los unimos amarrándolos con lianas, salvo uno, el más grueso y sin corteza, que metimos bajo la balsa para que ésta flotase más. Después buscamos tres palos más para ponerlos tombados encima de la balsa y los amarramos también. Su función sería la de elevar las mochilas para que no se mojasen.
Juan no iba a venir con nosotros en la balsa. El iría caminando a través de la selva hasta su pueblo en Nueva Esperanza. Ya nos encontraríamos con él en Pevas o en Pucaurquillo.
Estaba todo preparado para emprender el viaje más glorioso de nuestras vidas. Comenzamos a descender río abajo orgullosísimos con nuestra balsa kostra. Usábamos como remos cuatro palos pero sin pala, así que no avanzábamos una mierda, jajaja. En uno de esos palo-remos colocamos en uno de sus extremos una camiseta de Amon Amarth (un grupo de Death Metal que nos pone cachondos). ¡¡¡Qué brutalidad!!!, ¡¡¡qué paganismo!!! Lo gracioso era cada vez que nos cruzábamos con un peke-peke cargado de indígenas, que se quedaban flipando porque íbamos en una balsa cuatro kostras tan felices ondeando nuestra bandera de Amon Amarth, jajaja. Además, Juan nos comentó antes de salir que éramos los primeros que bajábamos ese río en balsa. Joder, rompiendo records.
El descenso en balsa fue uno de los grandes momentos del viaje, digno para ser recordado eternamente. Sentir cómo la fuerza del Ampiyacu te lleva sobre sus aguas alegremente, con calma y sin prisa, fue inédito. Sentíamos una tremenda unión al haber logrado conjuntamente construir algo que era vital para nuestra supervivencia. Fue una experiencia única escuchar el silencio, a veces interrumpido por el bello cantar de los papagayos, monos y carpinteros... en fin, IMPRESIONANTE. Una hazaña más, propia de los KOSTRAS.
Después de tres horas y media bajando el río sobre nuestra balsa, llegamos a Pucaurquillo. Es un pueblo grande en el cual, la mitad de la población son de etnia Bóóráá y la otra mitad de etnia Huitoto. El embarcadero (donde aparcaríamos la balsa) estaba en una quebrada a la que tuvimos que entrar remando costosamente, (con unos palos sin pala) ya que la corriente nos llevaba tan rápido que casi consiguió que nos pasásemos de largo.
Aparcamos la barca en la orilla y subimos al pueblo. Allí nos invitó Mariano a dormir en su casa, que era el cuñado de nuestro querido Juan. Nos pusimos gustosamente ropa seca y fuimos a conocer a la "presi" del pueblo (Katia), pero sólo era la presi de la población Bóóráá, el/la de los Huitoto sería otro/a. Nos recibió muy bien aunque inmersos en un ambiente un tanto hostil, pues coincidimos con una pelea que se disputaba entre los jugadores de dos equipos de fútbol. Y es que este pueblo estaba en fiestas. Ponen música, todo el mundo va pedo, y se celebra todos los años un campeonato de fútbol además de otras cosas.
Nos pusimos hasta el culo a cenar (arroz, espaguetis, pollo, galletas, caramelos...), ya que llevábamos unos quince o dieciséis días comiendo poquísimo. Los tres estábamos flacos y barbudos, y Antonio tenía ya cuatro rastas asquerosas que se lo iban comiendo poco a poco, jajaja.
Con la barriga llena, dimos un paseo y nos bebimos unas birras, momento en el cual, Ricardo reconoció nuestra ruda resistencia. Nos dijo: "intenté haceros llorar del sufrimiento y del cansancio cuando construíamos la balsa, pero ¡¡joder!!, sois tres tipos duros". Y es que trabajar tan duramente y sin haber comido un sólo bocado, fue bastante sufrido. Pero a eso fuimos,... a sobrevivir, y eso conlleva sufrir de vez en cuando, si no habríamos ido a un hotel, ¿no?...jajaja. Sufrimos y mucho, pero la satisfacción que nos recorrió la espina dorsal cuando vimos construida por fin la balsa, no os lo podéis imaginar.

30/08/09
Nos despertó un puto gallo cansino a las 3:30 a.m. pero seguimos intentando sobar hasta las 7 ó así. ¡Coño!, ¿no hacían el kikiriki cuando amanece?, estos gallos están desfasaos.
Para nuestra sorpresa, Ricardo no estaba en su hamaca así que pensamos: "se habrá ido a dar una vuelta bien tempranito". Ni idea. Total, que nos fuimos nosotros a despejarnos por el pueblo y desayunamos una sopa en un sitio. Tony prefirió galletas, que parece "el monstruo de las galletas". Mientras, estuvimos enseñando a sumar a un niño, que el kabroncete era un poco zoquete. Se puso a llover a mares, así que seguimos ahí sentados un rato. A todo esto, seguíamos preguntándonos dónde se habría metido Ricardo, hasta que nos encontramos con Juan (una sorpresa porque dijimos que ya nos veríamos en Pevas, pero no sé, tendría ganas de fiesta y por eso se vino a Pucaurquillo, jeje). Nos dijo que Ricardo estaba durmiendo en la barra de un bar, jajaja. El kabronazo salió por la noche (no se podría dormir) y se fue a un bareto a inflarse a cervezas. El pobre Juan estaba impaciente, porque Ricardo tenía que pagarle por habernos acompañado durante la aventura, y en vez de eso, estaba to jamao.
Fuimos a despertarle para que se reuniera con Juan, que ya nos estaba pareciendo un canteo, y cuando llegamos al bar, estaba el puto pedolfas ligando con la camarera, que era gordísima y horrenda. La mujer estaba hasta el coño de él, nos miraba pidiendo ayuda con la mirada, jajaja.
Lo típico, le dijimos a Ricardo que teníamos que irnos y eso. Hizo caso pero se paraba por el camino a hablar con to cristo y además, todo el mundo iba pedo, así que en todas las conversaciones que tenía con la gente saltaban chispas. Lo único que hacían era amenazarse sin sentido, por ningún motivo, sin más... jajaja, estos peruanos no saben beber.
Cuando estos borrachuzos del pueblo hablaban con nosotros tres nos pedían dinero. Como si nos saliera por las orejas, pero claro,... como somos turistas... ¿no te jode?
Un tío llegó a decirle a Tony: "tú ahora estás en Perú, en mi patria, así que tu dinero me pertenece", pero qué tío jeta, jajajajajaja. Luego tuvimos una conversación con otros dos borrachos que decían que eran profesores de no se qué. Decían que los españoles somos unos maricones y unos ladrones. Tony se puso rojo de furia y le dejó las cosas bien claras. Estábamos hasta el nabo de este puto pueblucho de pedolfas (que también hay que comprender que estaban en fiestas).
Llegamos a la casa donde nos hospedamos para preparar los macutos e irnos de este maldito pueblo infernal, pero como kostras que somos,... la marcha siempre puede esperar porque nos tomamos la vida con suma tranquilidad, así que nos dejaron una guitarra y empezamos a cantar los tres tumbados en las hamacas. Ricardo aprovechó para escabullirse cual aguililla y se fue otra vez a brasear a la camarera horrenda de antes. Ya pasamos de ir a buscarle. Pasaron dos o tres horas y Luis estaba ya hasta cnsado de escuchar tanta guitarrita, quería irse YA, todos queríamos irnos en realidad. Al fin vino Ricardo, pero estaba tan resacoso que se quedó sobao en el suelo de la casa, y ale, a esperar a que durmiese un poco el nene borracho. Vaya guía más impresentable y más kostra... bah, ¡qúe coño!, era el mejor. Hemos contratado a un guía que es un pedolfas cachondo. La verdad es que nos llevábamos genial con él.
Mientras tanto Juan, cansado de esperar a que Ricardo se dejase de gilipolleces y le pagase de una vez, se fue a Pevas en peke-peke y volvió a las tres horas para despedirse de nosotros (no sin antes cobrar) porque resultó que el chamán con el que íbamos a tomar la ayahuasca estaba en un pueblo de Brasil curando a un tío, así que ya la tomaríamos en otro lado y con otro chamán. Una vez que cobró Juan, (que se fueron Ricardo y él todo sospechosos por ahí lejos) nos despedimos apenados y le regalamos un puñal, una hamaca, sal que nos sobró y algunas cosas más.
Al fin, montamos sobre nuestra balsa ante las atónitas miradas de todo el pueblo y tomamos rumbo Pevas río abajo, nuestro siguiente destino. Por el camino, grabamos haciendo el idiota "Run to the Hills" de Iron Maiden en el Ampiyacu, afluente del Amazonas, y sobre una balsa construida por nosotros... un momento inolvidable...no hay palabras... ¡¡¡LA REOSTIA!!! (vídeo que podéis ver al principio del blog). También LA REOSTIA, jajaja.
Llegamos a Pevas y apacarcamos sin mucho esfuerzo. Dejamos ahí mismo la balsa porque ya no la usaríamos más y prometimos regalársela al que nos acogió en la casa de Pucaurquillo (Mariano), que tendría que darse prisa, si no se la llevaría alguien antes.
Cenamos y nos hospedamos en una posada que era una kostra pero que molaba un huevo (Posada Rodríguez). Jugamos a un golpe sentados en una mesa y luego Ricardo se fue a dormir (aun estaba resacoso el perruno) pero nosotros tres nos quedamos tocando y cantando con una guitarra que nos dejo uno de la posada, las canciones típicas españolas; "Macarena", "Cuando un amigo se va", "A bailar", "Mi carro", "Borriquito como tú", "El Venao", jajaja, que risa tía Felisa. Luego fuimos a cenar por segunda vez pero ya estaba todo chapao, así que nos fuimos a sobar, por fin en cómodas camas (no tenían nada de cómodas).

31/08/09
Aunque no eran las mejores camas del mundo, esa noche descansamos bastante bien el la posada Rodríguez. Cogimos los macutos y nos dirigimos al puerto donde pillaríamos el barco a Iquitos, que salía a las 8 a.m., no sin antes desayunar como muertos de hambre.
Llegó el barco y al aparcar se estrelló contra nuestra querida balsa, que dejamos en el puerto ayer. Al subir al barco empezamos a maldecir al capitán por su terrible atrocidad. Era nuestra balsa ¡joder!, pero suspiramos de alivio cuando al salir, vimos que sólo estaba hundida por un lado y no llegó a romperse. La construimos resistente, tanto que ni siquiera un barco de cientos de toneladas pudo con ella... ¿qué esperaban?...es una balsa kostra, y por lo tanto, no es fácil de derrotar o destruir, es más, es IMPOSIBLE.
Empezamos a vociferar como energúmenos a la gente del puerto: "¡¡cuidad nuestra balsa!!", jajaja.
Pusimos las hamacas en el piso de arriba y esperamos a llegar a Iquitos jugando al "golpe" y comiendo a todas horas. Una tremenda tormenta nos iba persiguiendo, formándose enormes cúmulo-nimbos a nuestro alrededor. Vimos el atardecer, precioso sobre el dosel de la selva. El fulgor del enorme sol naranja se reflejaba suavemente sobre las tranquilas aguas del gran río, el gran Amazonas. Una imagen para el recuerdo, sin duda.
Luego, cada miembro de la tripulación nos informaba de una hora de llegada diferente, así que no les hicimos ni puto caso. Ya llegaríamos cuando fuese, no teníamos prisa.
Nos dormimos hasta que llegamos a Iquitos sobre las 3 a.m. Nunguno tuvo razón al final sobre la hora de llegada, jajaja. Bajamos del barco y cogimos un par de motocarros para ir los cuatro a la casa donde vive Ricardo en un barrio alejado llamado Santa Clara. Estaba a tomar por el culo. Llegamos, nos instalamos y a sobar. Podríamos dormir hasta la hora que nos diera la gana porque ya eran las 4:40 a.m. aunque no dormimos mucho porque estaban los cansinos gallos dando por culo.

1/09/09
Comenzamos un nuevo mes y los kostras seguimos danzando por estos magníficos lares peruanos.
Abrimos los ojos bajo el techo de la casa de Ricardo, quien nos invitó a un buen desayuno (avena, que sabía como a horchata, huevos fritos y plátano firto, que sabe a patatas fritas).
Después fuimos a dar un voltio por el pueblo. Es una zona muy humilde repleta de chabolas. Para mí, aquí no cabía lugar para la pobreza sino todo lo contrario. Todo el mundo sonríe, y es normal, porque gozan de muchísimos placeres, pues el placer no es tener un salón amplio y cómodo con un televisor enorme que te encarcele en tu casa de por vida.
Antonio y Luis se quedaron sentados cómodamente en la casa mientras Tony y Ricardo fueron a bañarse en una charca de ensueño donde jugaron con unos niños. Luego llenamos los macutos con cuatro cosas y el rsto lo dejamos en su casa. Fuimos al centro y pillamos la misma habitación kostrosa que hace veinte días. Antonio estaba harto de sus rastas, así que compramos un suavizante, se metió en la ducha durante dos horas y se las arrancó de cuajo formando una pelota de pelos mancilladores de unos 100 gramos que bien nos hubiera servido para jugar al hackie.
Unas horas más tarde fuimos a ver al que cambiaría nuestra forma de ver la vida, el gran Ernesto, el chamán con el que realizaríamos los rituales de la AYAHUASCA. Era un hombre tranquilo de 40 años que al hablar inspiraba una gran calma y sosiego. Se le veía con la mente muy amueblada, con una gran energía espiritual, además era un gran campeón de kung-fu. En toda la zona era un prestigioso chamán. Nos quería cobrar 200 soles a cada uno por dos tomas pero le chusteamos un poco, dejándolo en 500 soles los tres por séis tomas (dos cada uno). Nos explicó, con una voz muy calmada (de drogao, jejeje), sobre cómo sería la ceremonia de la ayahuasca y qué es verdaderamente esa planta. Incluso nos enseñó una sin preparar aun, es una liana.
Tras un par de horas hablando con el chamán y haber quedado con él para ir mañana a la selva a realizar las tomas, fuimos a ver unas tiendas de artesanía, entramos en un casino y luego directos a cenar en un sitio fenómeno. El restaurante se llama "La Casa del Fierro", tremendo; comida de calidad riquísima. Tanto es así que Tony se puso ciego sufriendo un empacho. Al salir del restaurante se tumbó llenísimo y medio muerto sobre el césped de la plaza sin poder moverse. Luego nos fuimos a sobar. El colchón que teníamos en el suelo como cama supletoria tenía un asesino alambre enorme apuntando para arriba además de estar meado y oxidado. Pusimos un calcetín en el agujero para no rajarnos.

2/09/09
Esta mañana le tocaba a Tony y Luis el turno de la purga corporal tras veinte días sin ducharse. Luis se cortó de raiz un rastón inmenso que tenía y el cerdánkano lo dejó tirao por el baño; parecía una rata ahí en el suelo to mojao. Esto provocó más tarde una discusión absurda entre Antonio y él.
Desayunamos y nos fuimos con Ernesto (el chamán) y Ricardo a Nauta en bus. Durante el trayecto nos acordamos de tí Coke, porque nos pusieron un musicote con el que te habrías empalmao, jejeje. Llegamos a Nauta y cogimos un peke-peke que nos llevó a un pueblecito llamado Puerto Miguel donde realizaríamos en dos sesiones la "PURGA", pero no en el mismo pueblo sino en un lugar aislado de la gente, inmerso en la profunda selva. Volvíamos a ella orgullosos, y es que una vez que vas y te adentras en ella no dejas de echarla de menos jamás.
Primero nos acomodamos en la casita de una mujer donde colgamos las hamacas y descansamos un poco ya que la primera toma de Ayahuasca sería esa noche, que estábamos un poco nerviosos por el ostiazo que nos iba a pegar en la cabeza, así que debíamos despejar y liberar la mente y el cuerpo.
Tony fue con con el chamán y con Ricardo a darse un baño al río Charapa, de aguas negras. Aprovechó para pedirle al chamán la sanación de una persona que se econtraba muy enferma en España. Dijo que necesitaba que le dijera el nombre completo de la persona y que, durante el ritual y en trance, hablaría con ella para preguntarle por su enfermedad. De esta forma encontraría un remedio casero en la selva para curar su problema. Tony se quedó flipao.
De noche fuimos todos en canoa río arriba hasta una casa redonda donde colocamos las hamacas. La ceremonia se llevaría a cabo en un cuartito enano con una zona al lado para potar y cagar en caso de que fuera necesario. Eso es "LA PURGA", una purga espiritual, una limpieza del alma.
Alrededor de las casitas vimos una tarántula enorme "tarántula de patas rosadas", otras muchas arañas, una salamanquesa (parecida a un lagarto, que si la tocas produce una fuerte urticaria), y un milpies venenoso.
Luego nos tumbamos en las hamacas para descansar, pues la ceremonia comenzaría a las 21:00.
CONTINÚA EL RELATO EN LA ENTRADA "MADRE AYAHUASCA EN EL AMAZONAS. LA SERPINTE Y YO", donde comentaremos y explicaremos el significado de la Ayahuasca, su composición y los efectos que produce, así como las visiones que tuvimos cada uno y nuestras impresiones acerca de esta poderosa "PURGA".